Descendió de nuevo a lo más profundo y oscuro del bosque,
Derramó toda su sangre,
Le impresionó todo lo que aún llevaba en su mochila,
Derramó lágrimas de pensamientos y lágrimas de sentimientos,
lágrimas de dolor y lágrimas de fuego...
Llegó a tener miedo de sí misma,
de ese lado oscuro que es tan grande como la luz de su corazón,
seguramente ahora le tocaba eso,
deambular entre las sombras de sus propios demonios,
Y empezó a aullar con fuerza, desde las entrañas,
desde su ser, desde su cuenco profundo y creativo,
no iba a esforzarse en huir, ni en mirar para otro lado,
aprendería a vivir con todos aquellos demonios,
allí a su lado, sabiéndolos sólo una parte de aquel proceso.
No sabe cantar, pero canta,
No sabe bailar, pero deja que su cuerpo se exprese a través de música que ejercita el transito de su sangre por sus venas.
No sabe vivir, pero late,
No sabe morir, pero muere en cada lamento, cada vez que se rompe o cada vez que siente sufrir un alma.
No forma parte de este mundo, de sombras y de luz, pero ahí está,
morando cada una de sus sombras, y cada nueva expansión de su conciencia.
No sabe hablar, pero a veces emite sonidos con su voz.
No sabe besar, pero alguna vez le lanza besos a la luna, para que ésta los deposite allí en cada almohada en las que piensa,
No sabe abrazar, pero está abrazada a la ternura y a la sensibilidad que la salvan una y otra vez de su amargura.
No sabe como ver, pero mira cada corazón como una gran ciudad mágica.
no sabe... no sabe....
Sabe que nada de lo que creía saber y de lo que no sabe no es nada en comparación con lo que se expresa a través de la expresión mágica de cada nuevo renacer.
***La Guardiana Del Oráculo***

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