La loba no busca un príncipe, tampoco un guerrero, ni siquiera un sabio.
prefiere, si lo haya en su camino, una especie de casi ermitaño por llamarlo de alguna manera,
desdibujando parte del significado que pueda tener para la gran mayoría un ermitaño.
Quiere un... le llamaremos ermitaño conectado a la vida,
conectado a la naturaleza,
y a la naturaleza de su propio ser.
Un ermitaño con el corazón abierto,
dispuesto a vivir sin tener que esconderse, sin tener que mostrarse,
alguien capaz de diluir sus propias tristezas con el amor de su alma,
alguien capaz de mirar con los ojos internos de su ser.
Alguien que brilla cuando llueve.
Alguien con la naturaleza sensible pero fuerte,
que no le importe llorar en los brazos de la loba,
y sonreír cuando las caricias de lo loba dibujen perfiles en su aura,
sensible como una lágrima,
fuerte como un árbol.
La loba no quiere príncipes, ni guerreros, tampoco sabios.
La loba se guarda todas esas caricias para regalar,
acariciando su vientre alguna que otra vez,
ofreciéndole al ermitaño, por si está de camino,
de vuelta al hogar,
para fundirse como polvo, como bruma, como agua, aire, entre sus brazos,
con el fuego sagrado de sus almas.
***El Templo Sagrado De La Loba***

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