Mientras palpito,
Me tomo un té,
Converso con la luna,
O le canto,
El humo del incienso, de las velas y del te,
Se entremezclan con aromas.
Diferentes formas de sentir, de brillar, de consumirse.
Y todo vuelve al origen, mientras en el leve tiempo de un suspiro creemos que se pierde.
Y todo habita en algún lugar.
Y la distancia que parece existir entre la luna y yo es la nada,
Si la comparo con las infinitas existencias que habitan en los mundos interiores de cada Ser.
Y así es esta mujer salvaje que me vive, a veces niña, a veces anciana.
Echando raíces.
No se puede crecer sin ellas.
No se puede ofrecer sin ellas
Ni nutrir la vida y el alma sin ellas.
Siempre fui prescindible en las vidas ajenas,
Porque prescindía de mi.
Hasta que me quedé sin como seguir.
Y entonces, comprendí mucho,
Mucho más de lo que los ojos ven, de lo que los oídos oyen y de lo que las voces hablan.
Y me quedé quieta en mi danza,
Y callé entre mis susurros.
Y me volví visible e invisible,
Recorriendo senderos inhabitables dentro de mi misma.
Y aquí estoy,
Una noche más,
Mientras pálpito,
Tomando un té con la Luna.
La Guardiana Del Oráculo.
Foto RED.

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